Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul
San Vicente de Paúl, Santa Luisa de Marillac y las primeras "Hijas de la Caridad"; Iglesia de San Carlo al Corso, en Milán.
Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, también conocidas como Hermanas de la caridad, son una congregación religiosa católica femenina fundada el 29 de noviembre de 1633 y dedicada al servicio corporal y espiritual de los pobres enfermos.
La congregación fue fundada por San Vicente de Paúl, un párroco francés y Luisa de Marillac con el nombre de Hijas de la Caridad, sirvientes de los enfermos pobres, y posteriormente se le agregó el nombre de su fundador para distinguir esta congregación de las distintas comunidades de caridad que, animadas de un espíritu similar, se desarrollaron posteriormente por toda Francia.
El origen de la congregación surge de la necesidad de organización de la ayuda a los pobres de su parroquia para lo que creó un confraternidad que creación tanto que pronto se extendió desde las áreas rurales hasta París, donde las damas de la nobleza procuraban cuidados a los pobres a través de sus sirvientas, lo que hacia que las labores de caridad se realizaran con indeferencia y desgana. San Vicente de Paúl envió un grupo de mujeres a Paris que, bajo la dirección de las Damas de la Caridad de París, se dedicó al cuidado de lo pobres. Estas mujeres crearon el núcleo de la comunidad que hoy en día se extiende por todo el mundo. El 29 de noviembre de 1633, Luisa de Marillac comenzó la formación sistemática de la mujeres en el cuidado de los enfermos, lo que se considera como la auténtica fundación de la comunidad.
A la muerte de Marillac y Vicente de Paúl en 1660, había más de cuarenta casas de la Hijas de la Caridad por toda Francia y los enfermos eran cuidados en 26 parroquias de Paris.
Durante el siglo XIX la comunidad se extendió a Austria, Portugal, Hungría, el Reino Unido, Irlanda y América. Actualmente esta comunidad religiosa está presente en 94 países con aproximadamente 21.000 miembros.
La casa matriz de la congregación se encuentra en París, Francia donde yace Luisa de Marillac en la capilla de la misma.
En el año 1998, la congregación recibió el Premio Creu de Sant Jordi otorgado por la Generalidad de Cataluña, y en el 2005 fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por "su excepcional tarea social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos, desarrollada de manera ejemplar durante casi cuatro siglos, y por su promoción, en todo el mundo de los valores de la justicia, la paz y la solidaridad".
Con respecto a las Hijas de la Caridad, he de decir que he tenido la gran suerte de conocerlas personalmente en su trabajo con niños desfavorecidos. He visto a las hermanas pasando malas noches cuando tenían niños pequeños (lactantes) que llegaban desnutridos, enfermos,y pasaban toda la noche en vela con ellos y al día siguiente tenían que poner en marcha a un grupo de 15 o 20 niños para ir al colegio. Ahora esto ha cambiado sustancialmente ya que ha disminuido el número de niños por casa y tienen ayuda, pero lo que no ha cambiado es el amor con el que lo hacen. No quiero decir con esto que la labor llevada a cabo por personal laico no sea buena, ya que hay un gran número de personas comprometidas y realizan una estupenda labor con estos niños. Pero al menos para mí, el amor, la entrega, la dedicación, la generosidad y el afán de servicio de las Hijas de la Caridad, hoy igual que hace 400 años no tienen precio.
Con respecto a las Hijas de la Caridad, he de decir que he tenido la gran suerte de conocerlas personalmente en su trabajo con niños desfavorecidos. He visto a las hermanas pasando malas noches cuando tenían niños pequeños (lactantes) que llegaban desnutridos, enfermos,y pasaban toda la noche en vela con ellos y al día siguiente tenían que poner en marcha a un grupo de 15 o 20 niños para ir al colegio. Ahora esto ha cambiado sustancialmente ya que ha disminuido el número de niños por casa y tienen ayuda, pero lo que no ha cambiado es el amor con el que lo hacen. No quiero decir con esto que la labor llevada a cabo por personal laico no sea buena, ya que hay un gran número de personas comprometidas y realizan una estupenda labor con estos niños. Pero al menos para mí, el amor, la entrega, la dedicación, la generosidad y el afán de servicio de las Hijas de la Caridad, hoy igual que hace 400 años no tienen precio.
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